Bajamos por el desierto en dirección sur, con un microbús de Abraham Tours. Mi
garganta no para. Ya es crónico, ya no sé qué hacer.
Entre tanto contemplo el desierto del Néguev,
la arena, el mar muerto y una gran fortaleza que diviso hasta donde mis ojos
pueden ver.
Subimos a Masada en telecabina y
alcanzamos la cima.
Ando por inercia, entre la sensación de ardor, el calor abrasador, los escalofríos
y el sudor. Beber agua tampoco ayuda, me provoca escozor.
Recorremos ein Ghedi y el mar
muerto. Adoptamos algún que otro español que ha venido solo y que creo que no
sabía muy bien de qué iba esto.
Y alterno momentos conscientes con otros en los que estoy sedado. Se fragmentan mis recuerdos y no me parecen del todo claros.
[…]
Bajamos de nuevo por la misma carretera, pero ahora muchísimo más temprano
y en medio de una soñarrera.
Recorremos el camino de la serpiente. Me siento poderoso, creo que puedo.
Vamos a buen paso. De golpe aparecen unos niñatos que corren más y me recuerdan
el inexorable paso del tiempo y mi edad.
Y aunque realizamos paradas técnicas por el sendero, finalmente coronamos la
cima y realizamos el recorrido entero.
Y a pesar de algún malentendido de los míos, puedo ver, saliendo
por Jordania, encima del mar muerto y ante mis ojos, el más bello amanecer.
Y recorro Masada contigo, caminando y recorriendo cada paso que dieron los doce
últimos que al asedio habían resistido.
Y pasamos por las aguas puras y cristalinas de Ein Ghedi y las playas del
mar muerto una vez más. Nos embadurnamos con el lodazar. Y volvemos a Jerusalén, con todo
un largo día que acaba de comenzar.
Y me quedo con ese amanecer del nuevo día, bajo el cielo azul, sobre el mar
muerto a través de las montañas y el desierto de Judea.
Y aunque a veces sienta que no pueda más, que puede que no llegue, que no
lo voy a lograr; algo me dice que no me rinda, que persista, que aún queda mucho por conquistar.
Massada fue otro lugar del que ya había escuchado y leído antes, no sé si en latín o hebreo o en ambos. Conocía la grandeza de su sobrecogedora historia, pero me sorprendió la grandeza de su construcción.
ResponderEliminarEin Ghedi, en cambio, me decepcionó. Ese riachuelo bordado de cuatro arbustos poco tiene que ver con los oasis en los libros infantiles y en mi imaginación. Así que debía hacer un esfuerzo serio y constante para recordarme a mí misma que estábamos en medio del desierto donde cualquier hilillo de agua, por fino que sea, no deja de ser algo completamente excepcional, milagroso y digno de admiración.
Me encantó bañarme en el Mar Muerto, ¡por fin un sitio donde tienen el agua justo a mi temperatura!
Ese tour, lo hicimos dos veces, la segunda con el añadido del sendero de la serpiente y con ese amanecer tan estremecedor. Todos los días, el sol se levanta y mira lo que sucede en Massada... ¿¿qué horrores tuvo que divisar ahí aquel día funesto hace algo menos de 2000 años??