sábado, 5 de enero de 2019

JUEVES 3 DE ENERO DE 2019 - فلسطين: بيت لايم وأريحا


Esperamos temprano en una calle. Quince minutos, media hora… ¿pasará o no pasará? ¿Era aquí o más allá?

Los nervios, la desesperación y la desidia se empiezan a apoderar de nosotros.

De repente y sin saber muy bien cómo, aparece el hombre más despreciable de todos cuantos haya yo tratado, y que además nos lleva a un autobús que nos hará pasar uno de los viajes más infames en los que yo jamás haya estado. Lo recordaré como el viaje más eterno de todos cuantos haya realizado.
Después de esperar y esperar, después de recoger más y más gente, y después de escuchar explicaciones nada comprensibles ni agradables en inglés, llegamos a Belén.

Recogemos a una pobre mujer, que hablaba español más o menos como podía, y con una pronunciación que, si bien se comprendía, utilizaba un léxico y unas frases inconexas, con lo cual el mensaje no se entendía.

Vemos la gruta de los pastores, seguida de una horrenda estación de autobuses, seguida de la iglesia de la natividad, con la puerta de la humildad, una entrada creada por los cruzados para que nadie con claustrofobia pudiera penetrar.

Entro y me agobio, así que decido salir. Ahí al menos no siento que pierda mi tiempo haciendo fila para ver una estrella de 14 puntas en la que supuestamente te dicen que el mesías nació.

Pero preparémonos… ¡porque empezamos con las tiendas! Momento en el cual empiezo a hacerme una idea de cuál es el verdadero propósito de este señor.

La señora que al menos había sido amable, se despide y a partir de ese momento ni una palabra de español.  

¡Y llegamos a Jericó! Ah no, espera… Realmente no es la ciudad, parece un casino, o lo que hace 20 años hubiera sido un centro comercial, pero se quedó tal cual. Bienvenidos a Jericó, esa es la placa más emblemática que podemos fotografiar.

Los comerciantes de allí, al igual que los que les precedieron y luego les siguieron, ya estaban avisados de que llegábamos. No podía creerlo, pero claramente eso estaba ya más que pactado.

Tiendas y más tiendas, ahí lo único importante era que el extranjero comprara sin parar, hasta desplumarlo sin más.

Pasamos por lo que dicen que es un yacimiento antiquísimo donde no se ve realmente nada, ni hay un cartel explicativo, ni nada significativo.

Nos dicen que enfrente está el monte de la tentación, que hay un teleférico que sube, pero… Ya está cerrado. ¡Qué casualidad!

Continuamos y parece que vamos a entrar en la ciudad. Pero no nos ilusionemos, se trata de simplemente de un árbol que nos lo venden como el sicómoro al que se subió Zaqueo. Damos media vuelta y no vemos mucho más.

Pero no termina ahí la cosa. Nos acercamos al monte de la tentación, pero para terminar de estafarnos en las últimas tiendas.
Por si no habíamos comprado ya suficiente o alguien se había quedado con algo de dinero en los bolsillos, ahí estamos.

No existe la palabra para definir lo que sentí en ese viaje. Se quedarían bastante cortas palabras como desesperación, frustración, rabia o decepción.

Fueron el viaje y las horas pérdidas más infames de toda mi vida. Sin ningún tipo de miramientos por parte del guía, que no hizo otra cosa que humillarnos y despreciarnos sin ningún tipo de contemplación.

1 comentario:

  1. Ese día fue tal y como lo has descrito, o aún peor porque lo comenzamos con la más grande de las ilusiones y emociones, ¡ibamos a ir a Belén y a Jericó!
    Y, bueno... ir lo que se dice "ir"... finalmente fuimos a ambos sitios, aunque hasta eso costó.
    Y así, con el día ya bastante avanzado, nos encontramos en la ciudad más antigua del mundo, que a la vez es la más baja... advierten, que el exceso de presión atmosférica puede provocar dolores de cabeza, pero más que eso, pude sentir sobre mis hombros todo ese peso de toda esa historia y de todas esas masas de aire, kilo por kilo y gramo por gramo.

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