No es una
vivencia plenamente nuestra. Tampoco un lugar. Tampoco un momento.
Y al mismo tiempo es nuestra historia, nuestro tiempo, nuestra lucha, nuestro sufrimiento.
Y es tan actual, que lo pienso y tengo miedo. Tengo miedo de pensar que lo que parece pasado se esconde y se viste de diferentes formas, pero sigue ahí, está muy presente y es real.
A cuatro
sitios hemos ido. Pocas serían las veces que deberían de ser visto por todos
para no olvidar. En cualquier tiempo, idioma, país y nacionalidad.
Denkmal für die ermodeten Juden Europas
Silencio y quietud. Una tenebrosa habitación con forma triangular, que transmitía a la perfección esa sensación de angustia, horror y ansiedad.
El campo de las estelas, 2711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Pocos en comparación con los que se necesitarían para recordar cada alma una a una.
La sala de los nombres, con el nombre de la víctima de la Shoáh, su fecha de nacimiento y muerte, cuya lectura completa 6 años duraría si no más.
Denkmal für die ermodeten Juden Europas
Silencio y quietud. Una tenebrosa habitación con forma triangular, que transmitía a la perfección esa sensación de angustia, horror y ansiedad.
El campo de las estelas, 2711 bloques de hormigón de diferentes alturas. Pocos en comparación con los que se necesitarían para recordar cada alma una a una.
La sala de los nombres, con el nombre de la víctima de la Shoáh, su fecha de nacimiento y muerte, cuya lectura completa 6 años duraría si no más.
Exposición de Auchswitz en Plaza Castilla en Madrid.
Nunca olvidaré
el testimonio del sonderkommando que lloraba sin parar cuando escuchaba a un
niño gritar. Imagino a su amigo rabino y se me revuelven las entrañas: sin
nombre, sin ninguna razón de ser, monstruoso, descomunal.
Museo Yad Vasehm en Jerusalén.
En mi casa y en mis muros les daré un
nombre y un hogar permanente que nunca se olvidará.
Resulta inhumano,
cruel y descomunal pensar que tantas personas se quedaran sin nadie que los pudiera
llorar o recordar.
La sala de
los nombres dejaba a uno sin aliento y casi sin poder respirar.
Por eso,
aunque no conozca vuestros nombres, ni vea vuestras caras, en mi corazón siempre
tendréis un lugar. Y en mi mente y en mi pensamiento eternizaré la memoria de
todas y cada una de las víctimas de la Shoáh.
Por mucho
que hubiera querido, imposible me hubiera sido en el monumento conmemorativo de
los niños entrar.
Justos entre
las naciones, aquellos pocos gentiles que arriesgaron sus vidas para salvar judíos
de las garras de los nazis durante la segunda guerra mundial.
EL- DE Haus
- Sede central de la Gestapo en Colonia.
Teniendo
como eje y perspectiva a la propia ciudad.
Bajar a las celdas
de la prisión o al patio de ejecuciones, al que nunca llegué a entrar, era
mucho más descriptivo y descorazonador que cualquier cosa que uno pudiera leer
o visualizar.
Tragedia,
desastre, vergüenza. Un agujero negro en la historia de la moral humana. No
hace mucho, no muy lejos. Y parece que este mundo no tiene ninguna intención de
cambiar.
Civilizados,
modernos, mejores que nuestros ancestros, evolucionados.
Y en
realidad no hemos aprendido nada, solo hemos sofisticado el arte de anular y de
matar con nuestro juicio e indiferencia a aquellos que son diferentes, a aquellos
que no son como los demás, aquellos que no hacen lo que espera la sociedad.
Y ya que la
esperanza es una de las cosas que de ti me llevo y de ti he aprendido, recojo ese
testigo y al mundo entrego este mensaje contigo:
Ojalá algún
día nadie tema por su vida ni sienta miedo, persecución o exclusión.
Ojalá nadie haga
distinción por nacionalidades, banderas, pensamiento, idiomas u orientación.
Preciosas tus reflexiones y precioso este post a modo de manifiesto.
ResponderEliminarOjalá se cumplan tus deseos y tu esperanza, ojalá algún día deje de haber tanto dolor sobre la Tierra, tanto dolor vergonzoso y sinsentido, porque es infligido por humanos a otros humanos.