Voces, gritos, desastre a mansalva y por doquier. Pero en medio de todo ese
caos sonoro y cansancio físico, psicológico y mental, recuerdo imágenes en mute
y desde la distancia. Como si solo se hubieran preservado los pequeños detalles,
aquellos que esconden la verdad.
Entre esos elementos recurrentes, insignificantes y que hilan ese discurso
de luz en medio de una gran oscuridad, aparece una naranja con su gafos
cuidadosamente seleccionados y colocados estratégicamente en un sitio para
veladamente crear esa atmósfera de ternura e ingenuidad.
Porque en realidad, como si de una farsa se tratara, dentro de ese mal teatro programado a modo de burla, solamente se salvan esos detalles que pasan insignificantes a la vista de todo el mundo, pero que esconden tanto cariño y tanta honestidad.
Porque en realidad, como si de una farsa se tratara, dentro de ese mal teatro programado a modo de burla, solamente se salvan esos detalles que pasan insignificantes a la vista de todo el mundo, pero que esconden tanto cariño y tanta honestidad.
Dios, qué horror de comedor. Duele mucho recordar aquello.
ResponderEliminarPero, sí... ahí siempre había media naranja preparada para mí... que ni yo te la pedía ni tú me la ofrecías, pero se sabía que al final me la iba a comer ;-)