¡Qué mal rollo me daba aparcar allí! Creo que en ese momento empezó todo. Ahí
nació ese miedo, esa sensación de que alguien podía hacerme daño sin ningún
sentido ni ningún fin.
De todos nuestros recuerdos, quizás esas veladas no fueran las más
entrañables para recordar, pero sí testimonian una parte importante de los dos. Y es que incluso en los instantes en los que estamos sin estar, seguimos uno
junto al otro por encima de cualquier divergencia de opinión o contrariedad.
Es la magia de dos personas que a pesar
de sus diferencias, sus fantasmas y sus luchas, se esfuerzan y sacan
tiempo simplemente para pasear, para contemplar ese maravilloso espectáculo y
grandiosidad que solo la Alhambra te otorga con tal singularidad.
Y paseo contigo por el Generalife, por sus jardines, por el patio de Comares,
de los leones o de Arrayanes. Y contemplo los palacios, el anfiteatro, la
puerta del vino, la de las armas, la de la justicia o la del arrabal.
Y simplemente te siento a mi lado, y siento que contigo nada va a pasar.
Porque hay personas que como ángeles de la guarda Dios te envía, y donde quiera
que tú vayas, van contigo, y con su manto te cubren y protección te dan.
Ojalá así sea y ojalá así hubiese podido ser. Lucharé siempre por protegerte de todo daño y de todo mal, por aliviar tu dolor y tu carga.
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