martes, 18 de diciembre de 2018

MARTES 18 DE DICIEMBRE DE 2018 - BERLÍN 2016


No sé si me encantó por la ciudad en sí o porque la descubrí con tantas ganas gracias a ti.

¡Qué recuerdos de la Flauta mágica o del cascanueces! Buen montaje, Buena orquesta (imponente y sugerente), y una Pamina que a pesar de no ser solista, brilló por encima del resto como si lo fuera.  

¿Qué fue de ese museo gay de Berlín que lo encontramos casi de chiripa y a trompicones? Por no hablar del interior: poliédrico, caótico y confuso como el túnel de los horrores.

Croissant con crema de avellanas, currywurst cerca del andén, o ese sitio donde almorzamos que parecía un buffet, aunque no nos sentara del todo bien porque nuestros horarios de comidas eran raros a más no poder.

¿Y ese método tan particular de lavar del camarero corpulento? Igual te lavaba un plato, que un cenicero que un vaso mugriento […]

Y paseo por Alexanderplatz o por el mercado de navidad, y me como contigo una cosa rectangular que no nunca sabré nombrar.

Y me regalas un paraguas negro que con tanto cariño recuerdo y que a saber dónde andará.

Y tropiezo con un escalón y caigo al suelo, y por primera vez siento ese miedo de si podré o no volar.

Y qué bonita esa gente que se deshizo en preocupación y generosidad…

Lo conservo en frasco pequeño como una muestra de humanidad…

Y me conmueve al pensar que aún existe gente anónima que ante el dolor ajeno no escatima en mostrar un poco de calor y bondad.

1 comentario:

  1. Berlín... pensado para ser el broche final del año, no nos lo puso nada fácil. En shock aún por el atentado reciente, nos recibió con oscuridad, frío, lluvia y viento, mucho viento. El museo de Pérgamo estaba cerrado, el de los judíos no fue lo que buscábamos (o esperábamos) y el de los homosexuales no fue nada, directamente. Los restos del muro, hay que buscarlos con lupa, al igual que la coordinación-sincronización en el ballet nacional.
    Yo había ido con muchas espectativas, mucha ilusión, unas ganas locas de enseñarte mi país junto a algún que otro lugar emblemático de mi infancia y mi pasado, sin olvidar ese bar en el Alexanderplatz que había descubierto 2 años antes pensando que "aquí tengo que venir con el Pablo".

    Como siempre, nos sobrepusimos a todas las dificultades y contratiempos y nos creamos nuestra propia isla de bienestar y felicidad y así, pese a todo y todos, nos lo montamos muy bien y nos lo pasamos genial. Es tal vez la característica y capacidad que más nos definen, pero que - querido destino, por favor, no abuses de ellas.

    ¡Qué emoción subir a la cúpula del Parlamento, donde nos recibieron con los brazos abiertos y en español! Recuerdo también la primera noche en un mercado navideño precioso con un alemán dándolo todo para sacarnos LA foto de su vida. De la flauta mágica, me quedo con Papagena, y del ballet, con el escenario. ¡Cuánto nos reímos con la exposición (por llamarlo de algún modo) de Humboldt, cuánto cariño le cogimos a Santa Eduvigis y qué miedo pasamos al buscar no sé qué antro gay que tenía no sé qué oferta de 2x1 en no sé qué suburbio de Berlín o acaso de un universo paralelo chungui! Aunque miedo, miedo, pues sí... cuando te caíste en ese sitio tan agobiante que ya ni recuerdo qué coño hacíamos ahí.

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