domingo, 30 de diciembre de 2018

LUNES 31 DE DICIEMBRE DE 2018 - מנהרת חזקיהו והכותל


Creado para situaciones de confinamiento y no morir por envenenamiento, preservó las aguas del manantial de Gihón y a todo el pueblo de Sion.

Atravesamos el túnel de Ezequías. El agua congelada y mi garganta a rabiar. Y aunque no sea la original, alcanzamos la famosa inscripción al final.

Y llegamos a lo que queda de la legendaria piscina de Shiloah, reducida ahora a un par de ruinas y a una piscina bizantina meramente testimonial. […]

Y dando un pequeño salto temporal, recorremos los túneles del muro occidental. Ese trocito de lamentos, que formó parte en otro tiempo del segundo templo.

Nos detenemos frente a una maqueta del monte del templo. Algo capta mi atención y me hace estar más atento: en tonos dorados más puros que el oro, destaca inconfundible el domo.

Y siento un aura que rodea aquel lugar. Y contemplo los vestigios subterráneos del muro occidental, pero mi mente está cautiva por otro lugar, por la cúpula dorada y la roca fundacional.

Y al finalizar este año pienso en ese monte, el monte Moriah. Y pienso en ti, en tu gran poder e inmensidad.

Y deseo que el próximo año pueda estar más cerca, más cerca de ti, más cerca de aquellos que amo, y si es posible… viajar.

Y escondido en tu regazo y abrazado entre tus brazos, conocerte un poco más.

1 comentario:

  1. Hacía ya unos 15 años o así que había escuchado de ese tal túnel de Ezequías o Siloé. En clase habíamos leído acerca de su construcción, incluida aquella famosa inscripción, y no sé qué chica - agraciada con una beca de Ulpan en años anteriores - empezó con la profesora una conversación "entre entendidas" acerca de las sensaciones que una tiene al pasar por ese lugar.... si bien me hubiera encantado poder entrar en esa conversación con parejo conocimiento de causa... aún más me atraía la idea de adentrarme en ese túnel, cosa que me parecía poco menos que imposible.
    Fue muy especial, sobrecogedor y único seguirte durante unos 15 minutos aproximadamente por ese sendero solitario, mojado y oscuro, cuyo final no podíamos divisar, pero teníamos plena certeza de que estaba ahí y de que lo íbamos a alcanzar.

    Muy distinta fue la visita de los túneles del Templo, que yo realmente no sabía ni qué eran ni cómo imaginármelos, pero que en la guía venían recomendadísimos y por ello los reservé. De la mano de nuestro guía nos adentramos en lugares, épocas, pensamientos y acontecimientos tan lejanos como cercanos y de repente - en un universo paralelo o tal vez simplemente en nuestra imaginación - pudimos presenciar la construcción del templo - de los templos - y extender la mano para intentar tocar la Roca fundacional.

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