Recuerdo el día que te propuse hacer la prueba para entrar al
conservatorio. Me miraste con cara de: ¿cómo? ¿qué?, y al instante te entró el
agobio.
Ya en 2016, coincidiendo con mi vacante en el Fuentenueva, un bonito lunes
de mayo, finalmente te acompañé a hacer la prueba. Fruto de nuestro esfuerzo
resultó una merecida valoración que nos llenó de orgullo y de satisfacción.
Un año y otro con ampliación. Y en vista de que nos encantan los retos, finalmente y una vez más lo decidimos: seguir ese camino y
preparamos un programa maravilloso con todo el esmero que pudimos.
Sposa, Rejoyce, la
sonnambula, La Blonde, la francesa, la duquesa y una catalana que finalmente ni se escuchó. Mucho
tiempo y mucho esfuerzo que realmente no se valoró.
Ya eran anormales sus caras y los aspavientos que esa señora hacía, pero el
colmo fue cuando comenzó a taparse los oídos. ¡Menuda grosería!
Fue humillante, fue irrespetuoso. De las peores situaciones que he vivido. De esas que si pudiera las borraría.
Y como cada vez que reflexionamos, nos tomamos un café. Y nos levantamos y continuamos haciendo lo que sabemos hacer.
Porque contigo he saboreado el aplauso, el triunfo y la ovación, así como el
fiasco, el fracaso y la desilusión.
Y creo que en eso radica el verdadero amor, en compartir no solo los momentos de victoria o felicitación, sino también los de adversidad o decepción.
Y me levanto contigo y seguimos caminando en el mismo sentido y cantando con la misma ilusión.
Siempre juntos, juntos siempre, Linda y Pablo, piano y canto, tú y yo.
Nunca había contemplado las dos pruebas de acceso conjuntamente, con sus similitudes y diferencias, con su íntima relación y conexión y, especialmente, con esa línea que puede trazarse entre ellas y que extendemos hacia el futuro.
ResponderEliminarPablo, me hubiera gustado poder evitarte ese 4J tan doloroso. Pero con tus palabras me has enseñado el regalo que supone el poder compartirlo todo, lo bueno y lo malo, lo fácil y lo difícil, lo maravilloso y lo traumático; sin necesidad de disimular ni esconder ningún sentimiento, sin miedos ni prisas y con total tranquilidad y confianza.
Gracias por estar ahí siempre, en todo lugar y en todo momento, formando parte de mi voz y de mi alma.