Llegar desde Orly hasta el
distrito diez fue todo un hito… si me lo pidieran otra vez no sé si lo sabría
hacer. Un bus, un metro y un andén, con la mala suerte de que no era el
adecuado, con lo cual tuvimos que volver…
¿No habían dicho que dos camas? ¿o era que la cama era para dos? Ostras… que es que había que inflar algo con eso que parecía un sifón [...] Siento esos días que amaneciste en el suelo. Probablemente tuvo que tener algún que otro agujero…
Metro hasta Montmartre, subida al Sacre Coeur, paseo por la calle de los pintores y un bello atardecer. Recuerdo verte sin estar… te sentía como en algún otro lugar…
Gotas de lluvia, tú, tu paraguas y la torre Eiffel. Y yo con un mosqueo que pa’ qué, pero el caso es que ya no recuerdo ni por qué fue.
Et puis nous pouvions voir l’île de la France, la Cathédral de Notre-Dame, le bar espagnol, L’hôtel de ville, le Marais et tout ça.
Versalles quedó nublado por algún rubio que en ese momento turbaba mi mente con pensamientos recurrentes...
No fue nuestro mejor viaje, ni puede que el más personal. Quizá por eso creo que deberíamos reeditarlo y darle una segunda oportunidad: l'opera Garnier, les Palais des Tuileries et je ne sais pas si d'autres chose ou pas [...]
No sé exactamente qué sucedía. Recuerdo que a veces me escondía, no sé si de tu reacción o de la mía, y me coartaba en lo que decía.
Y buscarle el lado malo podría. Sin embargo, expongo otra teoría:
Puede que el secreto del amor no radique en soltarlo todo, sino en que aporte lo que se diga.
Puede que a veces la palabra entorpezca y el silencio se agradezca.
Puede que no quiera saberlo todo.
Puede que no sea necesario tanta explicación ni tanto galimatías.
Puede que prefiera la sencillez y el silencio de tu mirada con la mía.
¿No habían dicho que dos camas? ¿o era que la cama era para dos? Ostras… que es que había que inflar algo con eso que parecía un sifón [...] Siento esos días que amaneciste en el suelo. Probablemente tuvo que tener algún que otro agujero…
Metro hasta Montmartre, subida al Sacre Coeur, paseo por la calle de los pintores y un bello atardecer. Recuerdo verte sin estar… te sentía como en algún otro lugar…
Gotas de lluvia, tú, tu paraguas y la torre Eiffel. Y yo con un mosqueo que pa’ qué, pero el caso es que ya no recuerdo ni por qué fue.
Et puis nous pouvions voir l’île de la France, la Cathédral de Notre-Dame, le bar espagnol, L’hôtel de ville, le Marais et tout ça.
Versalles quedó nublado por algún rubio que en ese momento turbaba mi mente con pensamientos recurrentes...
No fue nuestro mejor viaje, ni puede que el más personal. Quizá por eso creo que deberíamos reeditarlo y darle una segunda oportunidad: l'opera Garnier, les Palais des Tuileries et je ne sais pas si d'autres chose ou pas [...]
No sé exactamente qué sucedía. Recuerdo que a veces me escondía, no sé si de tu reacción o de la mía, y me coartaba en lo que decía.
Y buscarle el lado malo podría. Sin embargo, expongo otra teoría:
Puede que el secreto del amor no radique en soltarlo todo, sino en que aporte lo que se diga.
Puede que a veces la palabra entorpezca y el silencio se agradezca.
Puede que no quiera saberlo todo.
Puede que no sea necesario tanta explicación ni tanto galimatías.
Puede que prefiera la sencillez y el silencio de tu mirada con la mía.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarFue un viaje raro, sí... empezando por detalles logísticos como una ida vespertina unida a una vuelta matutina, lo cual nos dejó el tiempo real en París en 2 días escasos. Nos alojamos en una especie de pseudo-AirBnB y descubrimos las ventajas de poder disponer de un piso entero, aunque yo tuve que pagarlo con noches incómodas y frías en ese pseudo-colchón.
ResponderEliminarComo siempre, hicimos por aprovechar el tiempo y vimos bastantes cosas. Versalles me gustó, y - aunque los jardines en febrero están un tanto sequitos - recuerdo con cariño un picnic que hicimos junto a un estanque artificial. Sacre Coeur me gustó... y es, por cierto, la iglesia que en mi memoria se ha fundido con la de Lyon, aunque el barrio que la rodeaba es mil veces más bonito en París. La torre Eiffel se ve mejor en la tele, pero Notre-Dame me impresionó y hasta tengo ganas de verla otra vez.
Por lo demás, sí, recuerdo lluvia, viento y frío, incomunicación, malentendidos y enfados. Atravesamos un momento complicado, tú destinado en El Villar y en año de oposiciones con todo lo que aquello implicaba, yo a caballo entre la aceptación y la rebelión de que las cosas no siempre son como yo las quiero ver.
¿Reeditarlo? Sí, me apunto, aunque con la ópera Garnier siempre he sentido que era demasiado bonito como para que fuera para mí.