Conduzco hacia la ciudad de Herodes, Cesarea. Su piscina, su anfiteatro y su circo lleno de arena. Presentimos que algo
ha pasado. Nos han abierto el coche. ¿Y el dinero? Allí olvidado…
Pasamos por Nazaret, pero ya nos da miedo dejar el coche. Decidimos
volver y continuar hasta nuestro hotel […]
Y no sé cómo, me levanto, saco fuerzas y arranco. La
barca de Pedro, el Jordán, el monte de las Bienaventuranzas, Capernaum, y mi garganta haciendo estragos. Ya era angustia y desesperación. Infección,
placas de pus o algo raro. [...]
Y terminamos en Tel - Aviv, sin saber muy bien como
salir de ahí…
Y ya era insoportable el dolor… ¡YA ESTÁ AHÍ! … ¡Jerusalén! ¡POR FIN!
[…]
“¿Marchas automáticas? ¡Otra vez no, por favor! Tengo muchas
ganas de llorar. La misma historia no.”
Nos equivocamos de sentido y volvemos sobre el mismo
camino, pero llegamos sin problemas a Tiberíades, primer destino. […]
Y conduzco sin problemas hasta Katzrin, y disfruto como hace tiempo no era así. ¿Y entramos en un pueblo sin
salida? No importa, finalmente alcanzamos Banias y Mas'ade, y nos hinchamos de comida […]
Y gracias al instinto entramos en Magdala, y nos encanta la sinagoga de Migdal, sus vestigios y la réplica de su piedra con 7 ramas en la Menorá. […]
Y viajo por la carretera 2, la 20, la 431, y entre
medias otro mogollón. Pero no erramos en ninguna. ¡La 1! ¡Subimos! ¡Jerusalén! ¡Qué ilusión!
Y diviso la calle Yaffa y la ciudad antigua. Y esbozo una
sonrisa de la emoción. ¡Menuda satisfacción!
Más que un viaje (o dos) parece un guión para un road-movie. Yo creo que alquilar un coche siempre es una aventura y requiere mucha valentía, pero si lo haces en Israel, como que se duplica todo por mil.
ResponderEliminarLamenté mucho lo del cambio de marchas automático, las dos veces habíamos pedido manual, las dos veces no lo quisieron respetar y una y otra vez ví y sentí toda tu desesperación, preocupación y rabia sin nada que yo pudiera hacer para mejorar la situación.
Finalmente, tuvimos que admitir que el coche nos permitió hacer muchas cosas y ver lugares que de otra manera no hubieramos podido visitar y creo que con ello nos consolamos los dos por los malos ratos pasados.
Muchas gracias por llevarme a Cesarea, Nazaret, Tiberiades y todos esos sitios del Mar de Galilea tan destacados en la vida de Jesús, gracias por llevarme a los Altos del Golán que tantas sorpresas hermosas tenían guardadas para nosotros y gracias por recorrer junto a mí ese camino sinuoso hacia Jerusalén que termina en una subida de lo más triunfal.