Aunque en nuestra mente siempre estuvo Milán y la Scala, finalmente nos estrenamos con Roma y su Fontana.
Aparentemente todo pintaba de maravilla: buen precio, buenas fechas y buena compañía.
Pero… ¿me equivoco o se dieron todas las circunstancias para que fuera uno de los viajes que entrañó mayores dificultades?
Cosa súper rara: tu marido no estaba. A tu madre su avión la dejó tirada. Tuviste que aceptar una ayuda que realmente no te agradaba. Por no hablar del alojamiento y de que cerca estuvo de que nos estafaran.
Ya desde el principio no nos entró bien esa pseudo-recepcionista italiana. Lo tenía todo: desconcertante, siniestra y extraña. Hubo un momento en el que incluso creímos que entró a la habitación. Aún no sé si realmente olvidamos las luces apagarlas o no. […]
Dos óperas: El barbero y la Traviata. La primera no se escuchaba nada, y la segunda era una broma de mal gusto obscena, cara y encima mal cantada. Eso no era normal... Menos mal que optamos por reír, porque eso era para echarse a llorar. ¿Quién desafinó más? ¿Los violines, Alfredo, el coro, los cantantes o todos en general?
Sin duda el momento mítico de la noche ocurrió al final del primer acto. Salimos a la calle escopeteados, intentábamos asimilar ese mal trago, y de pronto nos encontramos al Alfredo con un piti en la mano. Y tú encima bromeando con lo que la Violeta estaría haciendo en e baño...
Algunos momentos que se salvan: el Coliseo, con esa guía que no pudo ser más simpática y profesional, y los Foros Romanos, con el imponente arco de Tito y la Menorá.
Pero es que aún quedaba el remate final: no sé si por el gentío, el caos, la Fontana o nuestra tranquilidad, casi perdemos el avión en una vuelta no menos accidentada que lo que había sido al comenzar.
Y paseé contigo por Roma y por sus calles. Pero lo que comenzó en 2017 y se materializó en París, no fue muy diferente tampoco aquí: tu ausencia persistió tanto al entrar como al salir…
Y paseé contigo por Roma y por sus calles. Pero lo que comenzó en 2017 y se materializó en París, no fue muy diferente tampoco aquí: tu ausencia persistió tanto al entrar como al salir…
Ains, Pablo, sí... leyéndote me doy cuenta de que también el 2017 fue un año muy complicado para mí. Recuerdo el 2016 como más desesperado y doloroso, pero probablemente porque en el 2017 directamente ya no sentía, ya no estaba, al menos a ratos, muchos ratos.
ResponderEliminarEl "lo estoy haciendo todo mal" poco a poco iba dando lugar al "no soy suficiente" y por ello, me sorprende aún más y me parece completamente inexplicable que siguieras contando conmigo, haciendo planes conmigo, viajando conmigo.
Después de un verano de lo más extraño, Roma se presentó como una luz de esperanza, un balón de oxígeno, un botón de reinicio o simplemente como un nuevo comienzo.
Y, aunque las circunstancias no acompañaban mucho y aunque aparentemente no consiguiera grandes cambios, para mí sí fueron muchos pasitos pequeños en la dirección correcta.