Y llegamos hasta la estación de Düsseldorf,
esa ciudad de la que tanto mi padre me habló y que a día de hoy sigo sin saber
la razón.
Tiempo hacía que no sentía lo que era estornudar sin parar por culpa de
un animal. ¡Vaya con el dichoso gato de Lily! Canutas me las hizo pasar.
Por cierto... esa casa de primeras entraba bien, pero luego era extraña a más no poder. Empezando
por esa puerta que era imposible de abrir (por poco si todavía seguimos ahí), o ese
cartel que decía que siempre hay alguien que
cuando se masturba piensa en ti. Sin contar con las luces o los enchufes,
que eran un follón... o una vez más el eterno problema de la calefacción. ¡Qué frío, por favor! La próxima vez será mi prioridad sin ninguna vacilación.
Mi primera Cenerentola y hasta la
fecha la más emotiva. Bien actuada, bien contada y bien cantada, ingredientes
más que necesarios para que llorara y por más que lo deseara no parara.
Pero lo más importante de esta ciudad, fue que para mí supuso un punto de
inflexión en nuestra relación, puesto que supuso el principio de un periodo de mayor entendimiento y unión.
Porque hay situaciones sin adversidad en las que por nada aparece el enfado
y el malestar. Y sin embargo hay otras en las que gracias a la determinación se
crean lazos de mayor cohesión. Y eso fue lo que sucedió. Con carrera y en tiempo
récord, conseguimos llegar a la estación y no perder ese avión.
Pero, entre el tumulto de la gente que pasaba por la estación, algo sucedió:
Comencé a sentir que era vulnerable, que algo iría mal, que a pesar de
todos mis viajes, sentía inseguridad.
Que en algún momento me expondría al dolor, y que se acercaba un momento duro
y de aflicción.
No andaba muy desencaminado… poco menos de un mes después así sucedió.
¿¿¿Quéeeee, Düsseldorf, aquí, hoy!!???? Ciertamente es la caña esa ciudad, que sin ser ni tener nada (estoy convencida de ello), va, crea misterio y expectación y como quién no quiere la cosa se cuela en el puesto privilegiado de la Noche Buena. Ilusa e ingenua yo por esperarme algo tipo "Tierra Santa"... pudiendo ser la preciosa y maravillosa DÜSSELDORF.
ResponderEliminarEl piso, sí, siniestro a más no poder. Cuando hablé con Lilly ya desde Granada, creo que al final le dio miedo hasta a ella misma. La Cenerentola, preciosa, sobrecogedora y casi sobrehumana, aunque estoy pensándome seriamente si no empezar a odiar a todas las tías que cantan así de bien.... me lo plantearé para el 2019, tal vez. Los trenes, un desastre y una vergüenza... va una con el tópico infundado y aprendido de que "en Alemania eso no pasa" y hála, pasa, y toma carrera de longitud a las 6 de la mañana de regalo.
Junto a todo ello, yo también sentí que algo estaba cambiando, había cambiado, no sé si en mí, en tí, en nosotros o entre nosotros. Me depararía un tiempecillo muy bonito, aunque tampoco iba a ser tan fácil como yo hubiera deseado.