Aparentemente, un sitio normal y corriente: cercano, acogedor, algo
bullicioso y con buen ambiente. Sin embargo, para nosotros, aparte de todo eso, adquiere
una connotación diferente. Por ejemplo:
Fue allí donde comenzamos a desayunar los martes cuando estábamos en ese
colegio qué vaya diantres…
Fue allí donde brotaban ideas y hasta organizábamos clases.
Y fue allí donde decidimos rutas y viajes.
En un momento dado cambiamos a los domingos. Y entonces:
Fue allí donde decidimos parte de nuestro repertorio, dónde daríamos clases
o el horario.
Fue allí donde hablamos de traiciones y decepciones, donde analizamos largo
y tendido los pormenores, donde discutimos el por qué y las explicaciones…
Y fue allí donde decidimos que fijaría mi residencia en Armilla a pocos minutos
de la tuya.
Allí confluyen inicios, desenlaces y finales,
analizamos dilemas situaciones y avatares,
nos damos un respiro y reposamos del largo camino.
Allí celebramos nuestros pequeños pasos con regocijo.
Allí apartados del mundo sin ser vistos ni oídos.
Allí, sin llamar la atención, sin estar oprimidos.
Un sitio atemporal, fuera de escena y exclusivo, donde nadie imagina lo que
entre bastidores decidimos, dentro de la bendición de Dios y su propósito
divino.
Me encanta que le hayas dedicado un post a esa cafetería. Porque realmente es un sitio muy especial para nosotros. Por muy chungas que vengan las cosas, ahí, de un modo u otro, encontramos tranquilidad y paz, nos encontramos a nosotros mismos, y podemos hablar, reflexionar, analizar, organizar, planificar y mil cosas más que parece mentira que tengan cabida en escapadas de apenas 60 minutos.
ResponderEliminarNo entiendo por qué quitaron los sillones de la terraza donde tan bien desayunábamos, pero por lo demás, espero que nos siga haciendo por mucho tiempo más de lugar de encuentro y refugio.