¿Fue su inocencia, su ingenuidad, su pureza
de corazón o su humildad? ¿Fue que el destino nos había predestinado
para afrontar juntos la adversidad y las situaciones que se tuercen sin motivo y sin
razón? ¿Fue su pronta ida o
su repentino adiós el que hizo que sintiéramos que lo necesitábamos tanto tú
como yo? No podría dar respuesta a todo lo anterior.
Solo sé que en
nuestras vidas hay personas destinadas a ser ángeles que aparecen puntualmente;
vienen, traen paz y parten silenciosamente; para continuar su labor a donde
quiera que van.
Y en mi mente
aparecéis juntos irradiándome alegría, gozo, protección y seguridad.
Hasta la presente, probablemente, vuestra imagen sea uno de los pocos instantes que pueda llevarme hacia la
eternidad.
Ains, sí, Miguel... nuestra vida y nuestras vidas no serían las mismas sin él. Me lo presentaste el sábado santo del 2014... al mismo tiempo yo os presenté a Amalia y si mal no recuerdo, le gustó a Miguel.
ResponderEliminarA partir de ahí pronto se convirtió en una persona cada vez más importante y más querida para mí y recuerdo bien la alegría y el orgullo que sentí cuando me invitó a su cumple.
Siguieron incontables cenas y salidas compartidas y Miguel siempre me ha dado mucha serenidad, nuevas fuerzas y paz, a la vez que nos hemos partido de la risa hasta quedarnos sin aliento.
Y aún hoy en día, cuando cantamos en tu casa, todavía me sorprendo a veces esperando que aparezca en la puerta, diciendo "suena cada vez mejor" o "¿qué hay de cenar?", y se siente en el sofá para hacernos compañía.