jueves, 27 de diciembre de 2018

VIERNES 28 DE DICIEMBRE DE 2018 - אריאלה ודוד

Viajamos por la 77 y bajamos por la ladera hasta lo que parece ser una gran caldera. 

El calor resulta abrasador. No sabemos si será el sol, el nivel del mar, o las dos.

Aparco sin saber dónde y vemos un letrero. Rachel Street, hemos llegado, esperemos que sí.

Atravesamos la puerta del Hostal, pero no parece ni un albergue ni nada similar, más bien un salón familiar.

Un hombrecillo de ojos azules aparece. Su mirada y sus surcos me enternecen. Su expresión y su nariz prominente me estremecen. Entre su piel, su figura y tanta hondura, no descarto que se esconda algo de dolor y cierta amargura.

Y no me percato desde el principio. Creo que fue la segunda vez. Pero había una mujer maravillosa que con su sola presencia te bendecía desde el anonimato y la bondad de su ser.

Y veo unas tarjetas en la pared, muestras de agradecimiento que dicen mucho de ella y de él.

Estoy enfermo. Tú me cuidas. Él también. Y puede que lo invente o fantasee, pero juraría que lo he visto orar con fe.

Y me trae unos caramelos y una infusión, todo cargado de la mejor intención.

Y su humildad y su generosidad me cautivan. Esa sensibilidad solo la ostenta un alma pura. 

Y siento que en mejores manos no podría estar. Siento el abrazo de ángeles que me asisten. Siento su calor y su bondad. Siento que su manto me cubre. Siento que él conmigo está. 

[…]

Y vamos juntos por el paseo marítimo de Tiberiades con total tranquilidad. 
Y observamos el Kinnereth junto a un espectáculo de luces y sonido sin igual. 
Y siento que todo va a ir bien, que nada va a pasar. 

Y nunca me cansaré de volver allí contigo, nunca me cansaré de tocar su dulce agua de mar, ni nunca me cansaré de contemplar su grandiosa inmensidad.

1 comentario:

  1. Para mí, David's Hostel es uno de los lugares más sagrados y más santos sobre la faz de la Tierra. Un lugar al que acudimos desde orígenes y con unos pasados muy dispares y donde nos encontramos reducidos a nuestra esencia humana y reunidos en la unión de todos los seres humanos.
    Detalles como la nacionalidad, la edad, la religión, el idioma o el tiempo compartido dejan de tener importancia cuando la única pregunta es ¿qué puedo hacer yo por esta otra persona?
    Junto a David y Ariela, tan maravillosos como los describes, si no más, conocimos también a Laura, una finlandesa, que es no menos maravillosa que ellos y que nos pidió permiso para rezar por tu pronta recuperación.
    Cuando pienso en David's Hostel, me lleno de gratitud y de paz y con algo de tristeza me pregunto: ¿por qué no todo el mundo puede ser así?

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